VIVIR EN TANZANIA

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Los “Fundis”: los alquimistas tanzanos de la mecánica

(Artículo de Ángel Pujol)
¡Vivir en Tanzania es diferente!

En Tanzania, el significado de esta palabra es muy amplio, pienso que en nuestro castellano, la traducción más similar sería “un manitas»

Un Fundi puede ser desde un mecánico, paleta, carpintero, electricista, peluquero, fontanero, o cualquier otro oficio que con la «destreza manual y que con mucho ingenio arregla o te fabrica algo, desde un motor a coserte un descosido .

Por un lado, los admiro pero por otro los temo 😉

La gente de Tanzania, dice que el único fundi bueno es el peluquero, supongo que lo dicen porque el pelo te vuelve a crecer je je je
Pero ocurre que, tarde o temprano, uno tiene que acabar necesitando a alguien que te arregle el coche o cualquier otra cosa, y os aseguro que es una experiencia enriquecedora pero también arriesgada.

Con la experiencia consigues tener un equipo de “fundis” que vas valorando con el tiempo, y que vas catalogando en función de lo que es capaz de hacer cada uno, y de lo que es mejor que no te hagan.

Conseguir tener una amplia agenda de fundis catalogados es primordial para tu salud mental y de un valor incalculable para vivir en Tanzania.

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Hay que partir de la premisa que, bajo su perspectiva, ellos siempre saben hacerlo todo.

Y aunque les preguntes qué es lo que van a hacer o cómo lo van a hacer, nunca consigues una respuesta satisfactoria, solo una sonrisa y un ¡hakuna matata!.

Debido a que, con nuestra empresa Itaka Safaris, organizamos Safaris en Tanzania, con el sector que más he tenido que lidiar es con los fundis mecánicos de automóviles, y con el tiempo he ido aprehendiendo algunas de las señales por las que guiarme.

Hace ya mucho tiempo que perdí la esperanza de encontrar un taller en condiciones, o sea, lo que nosotros entendemos por taller mecánico aunque sea simple, es decir un sitio más o menos organizado, con foso, con armario de herramientas, con maquinaria apropiada, etc.

Esto ya pasó a ser una utopía, pues habitualmente en Tanzania lo que te encuentras es un descampado, donde se amontonan los coches sin ningún tipo de orden ni concierto, en medio de la tierra y el barro, donde las piezas campan esparcidas por todos lados, donde te desmontan el motor y luego sobran piezas…

Yo ya me he habituado y he conseguido que no me escandalice.

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Al principio no entendía por qué la gente que llevaba su coche al fundi, se pegaba todo el día en el taller, pero ahora ya lo entiendo, pues primero es para ver qué le van a hacer a tu coche, qué piezas van a utilizar y cómo te las van a poner y por último, pero muy importante, para vigilar que no te hagan el “cambiazo” 🙂

No os podéis imaginar la de horas perdidas que llevo en los talleres, aunque en realidad, considero que nos son perdidas sino más bien “invertidas” en vigilar cómo lo hacen, y observar la gran creatividad que tienen y el ingenio que le ponen en su trabajo.

Vivir-en-TanzaniaAunque, también os diré que, muy a menudo acabo siendo yo el que, tras intentar explicar cómo tienen que hacer algo, lo acabo haciendo yo mismo, pues a veces no lo veo claro y lo prefiero.

Por cierto, uno sabe cuándo entra en el taller pero nunca sabe, ni de forma aproximada, cuando vas a salir…

Es tremendo la de horas que puedes estar allí, pues entre que han de ir al buscar las piezas al centro de la ciudad, o en su defecto a los “desguaces de segunda mano”, y entre que han de encontrar las herramientas adecuadas, o en su defecto “algo que sirva”…te puedes pasar mil horas!

La de veces que me he desesperado viendo a un fundi intentar sacar un tornillo con los alicates, pero en fin, hay que armarse de paciencia, y con una sonrisa decirle «anda guapo busca la llave fija que lo vas a estropear” 😉

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Por eso es primordial ir filtrando: este fundi suelda bien, este otro pinta bien, aquel entiende de motores, este chispas sabe lo que toca…, pero, eso sí, ni se te ocurra darle otra cosa a hacer fuera de lo que hace correctamente. MECC error!!

Por suerte, yo entiendo un poco de mecánica, y por un lado me ayuda a poder elegir quien y cómo me tienen que arreglar algo, pero, a veces, os aseguro que para mi estado mental sería mejor no tener ni idea!

Sin embargo, a pesar de todo esto, no dejan de sorprenderme las soluciones caseras que se sacan de la manga.

¡Son unos auténticos genios y creativos a más no poder!

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Recuerdo un día que iba con un coche de safari que utilizábamos de supley para el material de acampada, cuando noto que, al comenzar a subir por la carretera de la falla del Rift, el coche comienza a calentarse.

Al parar me doy cuenta que la tapa de plástico del radiador tiene una pequeña fuga por donde se escapaba el agua, por lo que paré en un poblado y me acerqué a un fundi de allí.

La situación fue la siguiente:
– El fundi se acerca, lo mira, cierra el capó del coche y me dice:
– vamos al super,
– al super?
– si sí, yo te digo donde (ya he aprendido a que, depende de qué cosas, no cuestionar hasta ver de lo que se trata)

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Llegamos al Súper y me pide 1000 chelines, yo le espero en la puerta, y veo que regresa con un sobre Té local.
Yo no daba crédito!

Llegamos al coche, abre el tapón del radiador y vierte el té en el radiador ¿?
Y me dice:
– tendrás que cambiar la tapa de plástico pero puedes llegar a un pueblo grande donde hay un fundi que te lo puede arreglar.

Y, efectivamente, el té bloqueó, momentáneamente, la fuga, y pude llegar hasta el otro pueblo donde un fundi con una chapa construyo una tapa metálica junto con pasta selladora que sustituyó la tapa de plástico y así pudimos llegar hasta Serengeti.

Aunque, como no!, tardísimo, pero llegamos 😉

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Anécdotas tanzanas de estas tengo muchas, pero hay otra que también me sorprendió por el gran ingenio que tienen estos fundis.

Esta vez iba con un Land Rover desde Ndutu, una zona donde se castiga mucho al vehículo por el estado de sus pistas, y por la cantidad de polvo que se mete en todos lados, y precisamente el polvo fue el motivo de la avería.

Cuando ya regresaba a Arusha, noté que el coche se quedaba como frenado, y comienzo a oler a goma quemada.

Paro justo en uno de los poblados masai que hay por la zona, y al abrir el capó del coche, veo que es el alternador del coche que se había quedado clavado, pero clavado como una piedra, y al patinar la correa por la polea, ésta se calentaba, y además por esa misma correa pasaba también, creo recordar, por la bomba de agua o del ventilador.

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Lo primero que pensé es en quitarla, pero subir por el Ngorongoro sin refrigerar el coche es misión imposible.

Y bueno allí estaba yo pensado qué hacer, rodeado de curiosos masai e interesándose por cual era mi equipo de futbol preferido.

Vi que no disponía de muchas horas de luz, y la verdad, no me apetecía mucho quedarme a dormir en aquel poblado, así que contacte con un amigo que vive dentro del Área de Conservación del Ngorongoro, para que con su coche me remolcara hasta Karatu, un pueblo grande que está a unas 3 horas de allí.

En esto que aparece un autobús, el cual parece ser que hace el recorrido por los pueblos masai de la zona.

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El autobús iba hasta los topes! con gente, gallinas, cabras, en fin…algo inexplicable

El conductor se acerca a mi coche, y le explico el problema, y me pregunta:
– tienes cinta aislante?

– cinta aislante?, no, a ver, que la avería no es eléctrica, que es el motor del alternador que está clavado.

– sí, si, tienes cinta aislante?

Yo con cara de póker, pensando este tío no se entera, pero mi experiencia me dice: no cuestiones Ángel

– pues no, no llevo en el coche.

El conductor se vuelve al autobús, saca algunas llaves y viene con algo de cinta aislante.

Cuando ya se disponía a aflojar la correa, apareció el vehículo que había llamado para remolcarme, por lo que le dije que ya me iba con él, y le di las gracias y una propina pues siempre es importante agradecer las cosas, y el interés mostrado.
Y el autobús se marchó.

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Yo me quedé dándole vueltas a lo de la cinta aislante, y se me encendió la luz de lo que pretendía hacer el conductor.

Lo que quería era aflojar la correa y poner cinta aislante en la polea para que la correa patinara y así yo pudiera seguir circulando.

Le consulté a mi amigo que me estaba remolcando el coche, y me dijo que sí, que era eso lo que quería hacer, aunque también me dijo que, difícilmente hubiera llegado a Karatu, pues o bien se me iba a calentar el coche o bien tendría que ir reponiendo más cinta aislante cuando se fuera quemando.

Yo había pensado en que, con herramientas desmontar el alternador y dejar la polea sola, pero lo de la cinta aislante jamás en la vida se me habría ocurrido!

Desde entonces en la caja de herramientas de mi coche no falta la cinta aislante, una cuerda, unos alicates y ¡por supuesto té! 😉

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